Ciberseguridad, desafío V: control gubernalmental

Los gobiernos debieran servir a las personas y contribuir a su bienestar. Pero en ocasiones pervierten su función, vigilando y acosando a sus propios ciudadanos.

Tu gobierno puede ser tu peor enemigo.

George Orwell en su novela “1984” describía una sociedad distópica, gobernada por un partido único, con los ciudadanos alienados ante la omnipresencia de “El Gran Hermano”: símbolo concentrado de todos los poderes y constante vigilante de la lealtad a un código único de valores.

Para idear la trama y el contexto aterrador en el que se desenvolvía, el autor se inspiró directamente en los gobiernos totalitarios de mediados del siglo XX y en las tácticas de control social que utilizaban.

La principal referencia reconocida por Orwell fue la Unión Soviética en la etapa de Iósif Stalin, pero también tuvo muy en cuenta a la Alemania nazi y a España durante su Guerra Civil. “(…) en España vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente. (…) En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas «líneas de partido» (…)”.

Para señalar a ese modelo de sociedad pervertida, sometida a una constante represión de las ideas y marcada por el desprecio de la intimidad de las personas, se ha acuñado el término “sociedad orwelliana”. Y ejemplos de ese tipo de sociedades se han sucedido desde mediados del pasado siglo hasta la actualidad, siendo los ejemplos más extremos el régimen de los Gérmenes Rojos en Camboya o la dinastía comunista de Corea del Norte, aunque se pueden citar muchos otros.

Pero a día de hoy la potencia de la tecnología, su extendido uso cotidiano y numerosos hechos que han podido ser conocidos por el gran público, alertan de que podemos vivir en sociedades de tintes “orwellianos”, tanto en países dictatoriales como en los democráticos.

La intimidad y la privacidad: dos derechos vitales.

La Real Academia de la Lengua Española define la intimada como “Zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia”. Y a la privacidad como “Ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión”.

Se trata de dos términos fuertemente ligados, esenciales para el sano desarrollo de los seres humanos. Las personas necesitamos espacios de seguridad, en la que poder manifestar y comportarnos con total naturalidad y relajación. Sin miedo al ridículo, sin enfrentarse a las críticas de los demás, donde poder pensar y hablar con entera libertar, hacer invenciones sin que los errores supongan un problema o incluso donde descuidar el aspecto, el comportamiento o acceder a información a la que sería comprometido hacerlo en público.

Los peores regímenes dictatoriales han atacado directamente a estos derechos, para así destruir la fortaleza de las personas y su capacidad de resistencia. Y por su parte, aquellas entidades políticas que respetan al ser humano, los han tenido en cuenta.

Por ejemplo, en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, en su artículo 12 se indica «Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques».

Y la Constitución Española de 1978, en su artículo 18, incluye alusiones explícitas al derecho a la intimidad, al secreto de las comunicaciones e incluso al uso de la informática: “La ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos”.

La intimidad: un valor el declive.

Actualmente el uso de la tecnología se ha vuelto cotidiano. Y el grandísimo éxito de las redes sociales ha evidenciado que muchísimas personas dan a su intimidad muy poco valor. Millones son las que develan datos de su vida privada o ponen imágenes abiertas a cualquier persona que antes sólo serían vistas por su círculo más cercano.

Por otra parte, la potencia de los actuales sistemas informáticos hace que se puedan recoger infinidad de datos sobre las personas, que sometidos a complejos algoritmos matemáticos permiten identificar perfiles, desviaciones sobre la media e incluso hacer previsiones de comportamiento. A esto se le llama “Big Data”.

Los grandes empresas de Internet utilizan el “Big Data” para mejorar los beneficios de sus negocios. Pero también ciertos estados explotan toda esa información, justificándose en la necesidad de mantener la seguridad, aunque muchos temen que sólo se trate de control y de fomentar intereses no legítimos.

Los gobiernos a la escucha

Las revelaciones de Edward Snowden pusieron en evidencia que Estados Unidos tenía un plan sistemático de espionaje en Internet, que abarcaba a supuestos terroristas, pero también a líderes de otros países y a personas de toda clase y condición.

Una pieza clave de ese plan era el programa PRISM, que analizaba información alojada en Gmail, Facebook, Skype o Hotmail, con la colaboración de las empresas dueñas de esos servicios y sin ningún tipo de autorización, ni legal, ni por parte de las personas cuyos datos eran analizados. Por lo que se sabe, tan sólo Twitter se negó a colaborar.

Esas mismas empresas también han sido acusadas de colaborar con el régimen chino en su persecución a activistas. Y Amnistía Internacional ha denunciado en múltiples ocasiones que Internet es utilizada para reprimir a los disidentes en multitud de países con ayuda de los “grandes” de la informática: “Sun Microsystems, Nortel Networks, Cisco Systems, Yahoo! y Google son algunas de las compañías que ayudan a los gobiernos a censurar Internet o a localizar a usuarios individuales. En 2004, Microsoft dio a conocer a las autoridades israelíes información sobre el activista antinuclear Mordechai Vanunu, sin conocimiento ni consentimiento de éste. Los datos se utilizaron al principio para procesar a Vanunu por mantener contactos con medios de comunicación extranjeros” (noticia publicada en la web oficial en español de Amnistía Internacional el 20/07/2006).

¿Qué hacer?

Los ciudadanos nos podemos sentir indefensos antes las maquinarias estatales y ante los tejemanejes de las grandes empresas.

En los países no democráticos esta situación puede ser dramática. Si tus correos electrónicos son inspeccionados y tu actividad en las redes sociales o en otros sistemas de comunicación son perseguidos, cualquier opinión comprometida que expreses puede servir para lanzar una acusación contra ti que conlleve un brutal castigo.

En los países democráticos nos sentimos más protegidos. Pero los derechos que nos protegen no están garantizados eternamente y es importante que tomemos conciencia de su importancia, para exigir a nuestros representantes políticos que se sigan manteniendo y también que reaccionen ante casos de espionaje realizados por otros países sobre sus ciudadanos.

En esa toma de conciencia, también es muy importante que cada persona sea responsable de su propia actividad en Internet y que utilice los mismos cuidados que tendría en su vida diaria: no revelar información privada a desconocidos y poner precauciones sobre datos propios importantes.

En Internet hay herramientas que pueden servir de ayuda: sistemas de cifrado del correo electrónico, proyectos como la Red Tor o servicios alternativos a los más conocidos que ofrecen unas similares funcionalidades pero con mayor cuidado de la seguridad y privacidad.

Recomendaciones: un libro, una película y una canción

La recomendación del libro es obvia: “1984” de George Orwell.

En cuanto a la película, resulta muy ilustrativo ver “La vida de los otros”, del director Florian Henckel von Donnersmarck, estrenada en 2006. Se trata de un fiel reflejo del sistema de espionaje a los ciudadanos que instauró el régimen comunista de la antigua República Democrática Alemana.

Y en cuanto a la canción, nos acercamos a los artistas costarricenses Tapón y El Soldado, con su tema “Nos vigilan”, compuesto para una campaña contra el espionaje a periodistas en su país, en unos hechos muy recientes, que saltaron a la luz pública a principios de este año 2014.

Post By Florián Manuel Pérez Sánchez (64 Posts)

Me apasiona la tecnología, pero también el arte y el periodismo. Tres ámbitos aparentemente dispares pero que a lo largo de mi vida se han ido entrelazando con naturalidad. Soy Ingeniero en Informática, he administrado redes y dirigido proyectos informáticos bastante diversos, también he colaborado con un montón de revistas, he hecho radio, escrito dos libros y publicado un disco (con el grupo Soul Dealers, del que fui compositor y productor musical). Actualmente trabajo en ciberseguridad y en mi tiempo libre disfruto dirigiendo La Factoría del Ritmo (la web de información musical pionera en español, que lleva en activo desde 1995: www.lafactoriadelritmo.com ), escribiendo en las revistas Rockdelux y Hip Hop Life (con una sección fija en la que analizo tecnología aplicada a la creación musical), y aprendiendo diseño gráfico y composición musical. También me encanta participar en iniciativas tan frescas como este blog.

Website: → La Factoría del Ritmo

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